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En el mes de la Pachamama

En el mes de la Pachamama
Las festividades son el invento social mas exitoso de la colectividad

El frío ya esta en retirada, pero no el invierno. A pesar de que las vidrieras de los negocios se adelanten a la naturaleza, que se toma mas tiempo, el humano siempre intenta estar un paso adelante.
La primavera de la colectividad está en su punto mas alto. Botas y lentejuelas, mantas y sombreros, trenzas al viento (de las postizas y de las reales); cañas y platillos, trajes sobrios y aguayos multicolores, polleritas cortas y bufandas, escarapelas varias y mixtura.
En agosto hubo celebraciones por doquier y la gente gastó para que en cada una de ellas no faltara la comida y la bebida necesaria, souvenirs u ornamentaciones varias, así como otros detalles. Hay celebraciones como la de Escobar, donde se invita a una gran cantidad de gente al clásico asado de confraternización y otros como el del barrio Futuro de La Plata donde todo en muy nuevo.
Algunos llamarán gastos improductivos a estos eventos que a primera vista no se ve la ganancia que generan. Son inversiones de un grupo de personas que propician encuentros que afianzan lazos y hacen responsables a los que  a los que tienen la posibilidad de hacerlo de ofrecer una fiesta.
Se compartirá un plato, una birra una danza, o acaso mirar para sentirse parte de algo, de una pequeña sociedad donde se cumple una función valiosa. Allí en el interior del país donde existen familias bolivianas se intenta relacionarse con otros paisanos e  impulsan la creación de un grupo de danzas o traerán una imagen para rezarle y después “hacerle una fiesta”.
Después para hacer una fiesta será necesario organizarse y habrá roles de padrinos y pasantes y los que trajeron la imagen, los bailarines y las cotizadas bandas de música.
El día en cuestión se irá a misa, se pedirá permiso a la iglesia para hacer una procesión y “las costumbres” y si estás ahí con suerte te tocará algún souvenir o una tutuma de chicha.
Escucharán la diana, verás a los pasantes y padrinos bailar la cueca en algún campo deportivo, sobre la tierra y después en algún salón del barrio sobre el cemento de la ciudad.
Se escuchará la música de cumbia, y el folclore boliviano con sus tobas, tinkus, sayas, diabladas, y los ritmos andinos de los sikuris. De pronto algunos recordarán como era que se soplaba ese siku que no tenía en sus manos hacía años.
El pasado el presente y el futuro en una fiesta, los nietos, los hijos y los abuelos comparten ese espacio. Ese compartir hace posible que en esta vida en las grandes ciudades uno le robe tiempo al sueño y al descanso y conozca mas a vecinos, paisanos y/o parientes.
Este invento, pese a la crisis económica vivida en los 90’, no cesó de crecer. Para que no murieran tuvieron que  invertir mucho más, la competencia para superarse entre sí hizo lo demás.
También cambiaron las escalas y muchas celebraciones pasaron a ser de familiares o barriales a multitudinarias y no alcanza con la organización barrial para manejarla porque involucra a los vecinos porteños, y a los paisanos inversionistas que colaboran para que la misma crezca.
La memoria colectiva de un pueblo que desafía las fronteras estatales se muestra en el mes de la pachamama, ya que de la misma participan andinos nacidos de uno o de otro lado de alguna frontera.
También surgieron otro tipo de encuentros en este mes desde hace ya algunos años, por un lado el “Mathapi” el encuentro de sikuris en Chacarita (deformación del quechua chacrita) y los desfiles en la Avenida de Mayo en agosto y octubre donde por unas horas se les permite ser visibles.
El mathapi se realiza en el mismo espacio donde se celebra a la Pachamama y se propicia un encuentro con música y danzas, que la “europea” Buenos Aires se niega a reconocer.
Sin embargo la Buenos Aires que dice que el tango es la única expresión musical porteña propicia un desfile en Av. de Mayo (avenida copiada a la francesa  Champs Élysées)
La idea del gobierno de la ciudad de celebrar a cada una de las colectividades que viven en la ciudad, para mostrar una foto de un gobierno diverso y multicultural, es brindarle la avenida por unas horas para que los turistas puedan sacar fotos o los danzarines tengan un recuerdo de su paso por el centro del país.
La idea, los tiempos y la forma la define la autoridad porteña encontró en el sello de facbol un interlocutor propicio para llevarlo a cabo sin ningún tipo de diálogo.
En poquito tiempo nomás se realiza el gran encuentro andino de Buenos Aires en un lugar donde hay un recambio generacional, es una oportunidad de que los interesados puedan pensar que cambios realizar para que siga viviendo ese invento alguna vez pensaron un grupo de madres y que hoy convoca a 50.000 personas en Nva. Pompeya.
Es imperioso buscar alianzas y juntarse no solo para la puesta en escena folcklórica sino como vecinos de esta ciudad que se transforma y de la cual no queremos ser simples espectadores.

 

 
periódico Renacer
Artículo cargado el 31/8/10
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